Cristina y la Música: Un Canto a la Vida, una exaltación de la Belleza

Por el Prof. BERNARDO R. VILLALBA

Cristina Del Fabro de Vicentín recibió la distinción “Grandes Mujeres”, en reconocimiento a su trayectoria y al valioso aporte que ha realizado a lo largo de los años en la comunidad.

Resulta justo y más que merecido el reconocimiento realizado a su trayectoria vinculada con la música, la actividad coral y la docencia que constituyen vehículos formidables para transmitir valores con la incorporación y el ejercicio de principios como la disciplina, el compromiso, el espíritu de superación y de integración, búsqueda de la Armonía en un ámbito en el que habitan las polifonías y las disonancias, una reivindicación fundamental del Arte y de la Cultura como símbolos de Humanidad.

Un sentido de Humanidad que se manifiesta en un crecimiento del Espíritu y del Alma, en una búsqueda permanente de sentidos y de sentimientos profundos, esenciales, contradictorios y complementarios a la vez, como la emoción, la alegría y la tristeza, la decepción y la Esperanza, el pesimismo y la Fe, el desasosiego y la calma, donde siempre se alienta la trascendencia sobre el tiempo, siempre fugaz e inasible, abrazando la Eternidad envuelta y arropada en sonidos, en voces, en arpegios y en acordes.

La Música, el Arte de combinar los sonidos y el tiempo, encontró cuerdas, teclas, parches, vientos, metales y voces en la enorme Vocación docente de Cristina para constituir un Universo de sonidos persistentes, mágicos, definitivos.

El pentagrama, ese mágico sendero de cinco líneas y cuatro espacios, cobija notas que se dibujan en figuras que representan, a la vez, esa asombrosa combinación de sonidos y tiempo, encontró en las manos de Cristina la sabiduría, la sensibilidad y la empatía para que las voces, los instrumentos y hasta los gestos y los movimientos transiten con firmeza ese camino regado de vibraciones sonoras. Ese ejercicio dirigido con maestría impulsó además la búsqueda de agudos y de graves sorprendentes, hallados en los espacios invisibles e infinitos por debajo o por encima de esos trazos uniformes del texto musical.

También Cristina pudo encontrar las claves exactas para darle el nombre y el tono apropiado a cada nota para adecuarse a cada voz y encontrar el ritmo y la cadencia que exprese un nuevo lenguaje, compuesto de sonidos y poesía, con un tiempo necesario y casi siempre imperceptible para los silencios. La Música como Arte, como una construcción armoniosa y enriquecedora para intérpretes y público, opuesta al ruido y a la estridencia disruptiva que aturde y confunde.

Todos esos fundamentos del lenguaje musical que tan bien comprendió, enseñó, practicó y difundió Cristina en su apasionado vínculo con la Música y con la práctica docente, a partir de una pedagogía basada en la construcción colectiva del aprendizaje con humildad y ansias de saber, son los que deberíamos ejercer en nuestra vida cotidiana para asegurar una sociedad integrada, plural, inclusiva, abierta, solidaria y armónica.

En una sociedad habitan personas con pensamientos y registros diferentes, a los que hay que interpretar en claves apropiadas y adecuadas, ejerciendo la actitud de escucha, donde el silencio es un valor y no una claudicación, un desdén o indiferencia y donde es necesario, además, construir un espacio, un territorio, un camino común a transitar, donde las alteraciones y las disonancias puedan sonar y exhibirse afinadas y compatibles y la polifonía sea una fortaleza y represente una sinergia sensible y profunda, donde cada voz y cada cuerda suenen potentes y vibrantes, dentro de un Coro que identifique al conjunto y simbolice la búsqueda constante, decidida y convencida de una construcción colectiva y participativa.

Maravilloso mensaje de una actividad que Cristina ejerció con Amor y Pasión. Son los pilares para sostener una trayectoria, para transformarse en una referencia inspiradora, en un ejemplo de entrega a aquello que dignifica, colma y alegra el espíritu y el alma. Aquello que, al fin, es la esencia de nuestra condición humana.

Gracias a la Vida y a la Música. Y nadie mejor que una Mujer, tan femenina como la Música en su esencia, para celebrar y eternizar la Vida. Es un Canto a la Vida, una exaltación de la Belleza. Gracias Cristina.