Hemos vivido semanas muy especiales en la vida de la Iglesia: la alegría de la Pascua, la fuerza de Pentecostés, la presencia de Jesús en Corpus Christi y el amor del Sagrado Corazón. Celebraciones que renovaron nuestra fe y fortalecieron nuestro caminar como comunidad.
Ahora retomamos los domingos del Tiempo Ordinario. Lejos de ser un tiempo de pausa, es la oportunidad de hacer vida todo lo que hemos celebrado. Es el momento de llevar el Evangelio a la familia, al trabajo, a la escuela y a cada espacio donde el Señor nos llama a ser testigos de su amor.
Después de la fiesta comienza la misión. Después de recibir a Jesús, somos enviados a compartir esperanza, servir a los demás y construir comunidad. Porque la fe no se vive solamente en los grandes acontecimientos, sino también en la fidelidad de cada día.
Que este nuevo tiempo nos encuentre caminando junto al Señor, descubriendo su presencia en lo cotidiano y anunciando con nuestra vida la alegría del Evangelio.
Gentileza: Ocampense




