El jefe de Inspectoría Municipal, Luis Cinzone, brindó una entrevista exclusiva en el programa Buen Día Villa Ocampo, donde analizó el comportamiento vial, los controles, las agresiones a inspectores y el desafío cultural que enfrenta la ciudad.
En la mañana del lunes 4 de mayo, el jefe de Inspectoría Municipal de Villa Ocampo, Luis Cinzone, brindó una nota exclusiva en el programa Buen Día Villa Ocampo, emitido por el Grupo de Medios Jaaukanigás, donde dejó definiciones contundentes sobre la realidad vial de la ciudad, los controles en marcha y el comportamiento de la comunidad.
Cinzone comenzó destacando un aspecto positivo: el mensaje de concientización está llegando. “Quiero agradecer a la comunidad porque se está tomando conciencia del uso del casco, de las luces, de los espejos. No digo que esté todo bien, pero hay un avance”, señaló. Sin embargo, fue claro al marcar que aún existen falencias importantes, especialmente en lo que respecta a la documentación obligatoria, como licencias, seguros y verificaciones técnicas.
En ese sentido, explicó que desde el área se busca priorizar la concientización por sobre la sanción. “No se le va a retirar una moto por no tener casco, pero sí se le hará una infracción. Incluso damos alternativas: si no tienen la documentación, pueden mostrarla en el celular o pedir que un familiar la envíe”, indicó, remarcando la flexibilidad que se aplica en controles municipales.
No obstante, advirtió que cuando intervienen fuerzas provinciales o nacionales, la situación cambia: “Ahí no hay flexibilidad, directamente se retiene el vehículo. Por eso insistimos en que la gente tenga todo en regla”.
Cinzone también puso el foco en la velocidad y la imprudencia, dos factores que —según afirmó— siguen siendo determinantes en los siniestros viales. “Es increíble cómo se circula, tanto en autos como en motos. Hay que bajar un cambio. Es preferible perder un minuto en la vida y no la vida en un minuto”, expresó, tras relatar un reciente accidente donde una moto impactó de lleno contra un automóvil.
Uno de los puntos más sensibles que abordó fue el comportamiento en zonas escolares. Si bien destacó el trabajo de las instituciones educativas, apuntó contra la actitud de algunos conductores: “Los padres salen rápido, en contramano, estacionan mal. Ahí está el peligro real. No es la escuela, es lo que pasa afuera”.
Además, subrayó el impacto económico que generan los accidentes en el sistema de salud: “Cada siniestro implica un costo que pagamos todos. Hospitales, médicos, derivaciones… todo recae en el Estado”.
En cuanto a la evaluación de su gestión, fue autocrítico: “Soy muy exigente. Estamos en un 10%. Falta muchísimo. Esto es un cambio cultural que lleva tiempo”.
En esa línea, adelantó que trabajan en la elaboración de estadísticas comparativas entre años para medir la evolución de los accidentes y tomar decisiones basadas en datos concretos.
También valoró el trabajo del equipo de inspectores y de la Guardia Urbana, quienes —según detalló— no solo realizan controles, sino también capacitaciones y charlas en instituciones educativas. Sin embargo, dejó al descubierto una realidad preocupante: la violencia hacia los agentes.
“Hay gente que elude controles, va en contramano e incluso intenta atropellar inspectores. Hemos recibido insultos, amenazas… es grave. Esto habla de un problema cultural de respeto y educación”, sostuvo.
En relación a las críticas sobre una supuesta intención recaudatoria, fue categórico: “No salimos a recaudar, salimos a cuidar. Pero lamentablemente hay quienes no lo entienden y reaccionan con agresión”.
Finalmente, Cinzone explicó que el recurso humano es limitado: actualmente trabajan con tres inspectores y tres integrantes de Guardia Urbana, número que considera insuficiente para cubrir toda la ciudad. “Podés poner 200 inspectores, pero si no hay conciencia, no cambia nada”, concluyó.
POR ANTONIO PARÉ
Lo que expone Cinzone no es solo un diagnóstico técnico: es un reflejo crudo de una sociedad que todavía no termina de asumir que las normas no son un castigo, sino una herramienta para preservar la vida. En Villa Ocampo —como en gran parte del país— el verdadero problema no está en la falta de controles, sino en la resistencia cultural a respetarlos.
Cuando un inspector es insultado, amenazado o esquivado, no se está desafiando a una autoridad: se está poniendo en riesgo a toda la comunidad. Y ahí es donde la discusión deja de ser administrativa para convertirse en social.
La seguridad vial no se impone, se construye. Pero esa construcción exige compromiso, responsabilidad y, sobre todo, respeto. Porque en definitiva, no se trata de una multa… se trata de llegar a casa.
Gentileza: Antonio Paré
