En diálogo con Radio Amanecer, Alejandro Scomparin compartió sobre la espiritualidad del pueblo argentino en el marco de la Guerra de Malvinas, un trabajo que pone en valor historias poco conocidas, entre ellas la de la cruz tallada por el artesano ocampense Aníbal Gregoret con destino a las islas en 1982.
“Siempre me interesó Malvinas. Hace dos años me regalaron una colección de diarios de la época y, al leerlos con minuciosidad, encontré todo lo religioso: cadenas de oraciones, expresiones de fe de distintas religiones, no solo lo católico. Y eso chocó con lo que yo creía. En 1982 yo tenía 11 años y solo pensábamos en el fútbol, estábamos alejados de la realidad de la guerra”, relató Scomparin.
Ese material periodístico, junto con testimonios de veteranos, lo llevó a descubrir numerosas historias vinculadas a lo espiritual. “La espiritualidad reconfortaba a los soldados heridos, fue un gran aporte no solo en las islas, sino también en los hospitales. Había mucho de lo católico, pero también de lo espiritual desde diferentes religiones alrededor de la guerra”, señaló.
La investigación, titulada “Apoyo espiritual durante la guerra de Malvinas”, fue presentada el 11 de diciembre pasado en el marco de la V Jornada de la Cuestión Malvinas organizada por la Universidad Nacional de la Plata, y realizada para la Universidad de la Defensa Nacional.
En su trabajo, Scomparin explora cómo, durante el conflicto bélico, la fe operó como sostén emocional, ético y simbólico para soldados, familias y la sociedad en general. A partir de documentos históricos, artículos periodísticos y testimonios, demuestra que la religión —institucional o vivida en forma personal— brindó contención, esperanza y sentido frente al horror.
Relata que en el frente, capellanes militares argentinos y británicos acompañaron a los combatientes, mientras que en el continente las comunidades se movilizaron en una verdadera cruzada espiritual colectiva. Católicos, evangélicos y judíos participaron activamente, con rabinos y capellanes visitando heridos en hospitales y acompañando espiritualmente a las tropas.
“La fe, lejos de ser homogénea, fue transversal, generando una red simbólica que unió a quienes estaban combatiendo, a sus hogares y a las iglesias. Esta dimensión, muchas veces invisibilizada, permite una comprensión más profunda y humana del conflicto”, explicó.
Las familias enviaban cartas, escapularios y sostenían cadenas de oración como forma de acompañamiento a la distancia.
La historia de la cruz ocampense
Entre esas expresiones de fe, el investigador rescató una historia ocurrida en Villa Ocampo: la donación de una cruz tallada por el recordado artesano Aníbal Gregoret, destinada a la Gobernación Militar de las Islas Malvinas en mayo de 1982, cuando estaban bajo dominio argentino durante la Guerra del Atlántico Sur.
La pieza, de un metro de alto, fue elaborada con raíz de picanilla hallada en las barrancas del Paraná. En su base, siete raíces naturales evocaban al dragón vencido por Cristo y las invasiones británicas rechazadas por el coraje criollo. El Cristo fue tallado en madera de lapacho de una sola pieza y apoyado sobre una repisa de laurel con 23 raíces entrelazadas, símbolo de las provincias argentinas unidas en defensa de la soberanía. La obra incluía frases pirograbadas dedicadas a la recuperación de las islas.
Antes de su entrega, la cruz fue exhibida en la vidriera de la entonces tienda “La Victoria”, en la esquina de Av. San Martín y Santa María de Oro (hoy Tibaldo), donde se convirtió en un emblema de fe, arte y compromiso patriótico para la comunidad.
Posteriormente, el intendente Gustavo Steeman la entregó al gobernador de Santa Fe, Roberto Casís, con destino a Malvinas. Sin embargo, tras la derrota argentina y la reocupación británica, se perdió el rastro de la pieza y hasta hoy se desconoce cuál fue su destino final.
La historia volvió a cobrar relevancia cuando el nieto del artesano acercó al investigador documentación y recortes sobre la obra, permitiendo reconstruir este episodio cargado de simbolismo.
Con este trabajo, Scomparin no solo rescata una pieza de la memoria local, sino que también invita a revisar el conflicto del Atlántico Sur desde una dimensión muchas veces olvidada: la de la fe como sostén humano en tiempos de guerra.
Gentileza: Radio Amanecer
